Entonces en ese preciso momento me di cuenta, realmente me di cuenta que estaba
despierto, más despierto que nunca, que el sueño me había dejado del todo, que
ya no estaba, ya no más, viviendo en un ensueño. Y me di cuenta que esa
horrible vida monótona no existía más. Ahora podía volar por el cielo azul,
a veces me caía pero retomaba el vuelo con algo de esfuerzo. Me di cuenta que esa cascada era real, con el agua cristalina que caía tan cristalina y fresca. También los dragones existían y no eran tan malos como en mi sueño. Podía visitar
las profundidades del océano y disfrutar de pasear en él. Pudo darme cuenta
solo, que tenía la posibilidad de ir de un lugar a otro con solo parpadear ¡Y
no era un sueño! Que el pasto era más verde que de costumbre, que todavía existían
los villanos, pero ya no me podían matar.
Las estrellas que en mis sueños eran
inalcanzables, ya no lo eran tanto y podía visitarlas con absoluta tranquilidad.
Pero lo más importante de todo, aquello que realmente importa era aquello que en
mis sueños nunca pudo ser, en la vida real sí era. Aquello que mi corazón
dormido siempre deseo era una realidad.
Vos bailabas conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario