miércoles, 2 de mayo de 2012

Conversación con Dios.

Fui y me acosté, tapándome de pies a cabeza.
El Frío, entraba por la colcha,
Congelándome los pies y las manos.

Cerré los ojos.

Allí estaba, solo, simplemente él y yo.
Nadie mas se encontraba en los alrededores.
Busqué una y otra vez sin lograr encontrarte.
Pero no estaba triste
Antes, solía haber alguien que coloreaba
con un calor el resto de mi corazón.
Nos sentamos en el piso, contra la pared,
pero no estaba triste.

Yo, con mi cabeza entre mis piernas,
mirando el gélido suelo,
te pregunte:
- ¿Llegará? - y respondiste - Sí.
- ¿Cuando llegará? - volví a preguntarte.
- Solo llegará.
Pero yo no estaba triste.

De pronto nuevamente un color calentó mi corazón
era un calor de esperanza que tú habías infundido.
Te levantaste, agarraste mi mano
y me pusiste de pie, me guiaste a la puerta,
- Sal, no te olvides de vivir, ya llegará.
 Dibuje una sonrisa en mi cara, abrí la puerta.

Abrí los ojos.

Me levanté de mi cama y salí a la calle a vivir nuevamente.
Con el frío que me rodeaba simplemente, salí.

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